Adulto sano

 

Tengo el convencimiento de que gran parte de los problemas del mundo vienen de una infancia mal gestionada. Esto hace que vayamos creciendo con carencias afectivas, frustraciones y traumas, que acaban repercutiendo en nuestra manera de relacionarnos, en nuestra falta de empatía, de solidaridad, y en cómo percibimos la vida.

Los niños no crecen con el apoyo necesario. Vivimos en una sociedad frenética que apenas deja tiempo a los padres para dedicar a sus hijos, el cual es imprescindible para su autoestima y desarrollo. Los niños acaban siendo cuidados por terceras personas, o con una carga de actividades extraescolares desmesurada para que no estén solos. Se pasan la vida en tierra de todos y de nadie, cuando lo que necesitan son cuidados, atención y el amor del núcleo familiar.

Pero aun dándose esa situación en la que el niño recibe todo lo que necesita, no acontece el mejor de los escenarios. Esto se debe a que somos adultos con una infancia llena de carencias. Nos han enseñado a competir, a mirar para otro lado, a “ser fuertes”, a no llorar… en definitiva, a no gestionar nuestras emociones, a reprimirlas y a no ver la legitimidad que tenemos de sentirlas. Entonces sucede que un adulto adolece de inteligencia emocional, intenta ayudar a un niño con toda su buena intención, pero de manera inconsciente lo hace desde su carencia y conflictos no resueltos, y el resultado por lo tanto no es el mejor que podría esperarse. Y los niños se relacionan con muchos adultos, de los cuales aprenden y van moldeando su personalidad. La forma en que les hablamos se transforma en su voz interior y nuestro comportamiento es su ejemplo de vida.

En el sistema educativo existen también muchas carencias. Es un sistema que enseña a todos por igual, sin tener en cuenta las necesidades particulares de cada uno. Un sistema que no se preocupa por desarrollar las fortalezas, exigiéndoles a todos el mismo rasero. Se enseñan demasiado pronto los conocimientos, obligando a los niños a hacer esfuerzos por cosas que aprenderían igualmente, pero a su propio tiempo, de una manera fácil y natural. Se les resta tiempo de juego, de creatividad, de invención, y una larga lista de etcéteras.

SONY DSC

Los niños sanos se convertirán en adultos sanos que velarán por un mundo sano.

No sé cómo lo haré, ni cuándo ni qué forma tendrá, pero participaré en un proyecto que vele por estos valores. Esta es mi manera de plasmar un deseo, hacer un pedido al Universo y ponerlo en marcha. Gracias.